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Medellín, Antioquia. Residuos que habitualmente terminan como desechos están siendo convertidos en materia prima para nuevos productos mediante procesos biotecnológicos desarrollados por investigadores de la Universidad CES.

El proyecto aprovecha biomasa agroindustrial como capacho de maíz, bagazo de caña, residuos de zanahoria, remolacha, naranja, limón y piña, además de aserrín, viruta y cascarilla de coco. A través de fermentación con microorganismos y otros procesos, los investigadores buscan transformar estos materiales en biomateriales con potencial de aplicación industrial.

“Estamos trabajando con residuos y los estamos ingresando en un proceso biotecnológico donde al final prácticamente no generamos residuos”, explica Paola Andrea Zapata Ocampo, docente de la Facultad de Ciencias Alimentarias y Farmacéuticas de la Universidad CES.

La investigación se desarrolla bajo un enfoque de bioeconomía circular, que busca que los residuos generados por una actividad productiva puedan convertirse en materia prima para nuevos procesos, reduciendo el desperdicio y generando alternativas de mayor valor.

Un material que podría reemplazar al icopor

Una de las investigaciones aprovecha residuos de madera, viruta y cascarilla de coco mediante fermentación en estado sólido con hongos.

El resultado es un material con características similares a las del icopor, que actualmente está siendo sometido a pruebas mecánicas para determinar su resistencia y otras propiedades.

De acuerdo con María Fernanda Durán Rodríguez, docente e investigadora de Ingeniería Biomédica de la Universidad CES, entre las posibles aplicaciones se encuentran la fabricación de empaques para productos frágiles y paneles de aislamiento acústico.

La utilización de impresión 3D para fabricar moldes también permitiría adaptar los empaques a las dimensiones y características de diferentes productos.

Residuos vegetales para investigar nuevas soluciones en salud

Otra línea de trabajo utiliza residuos vegetales ricos en azúcares y materiales lignocelulósicos para cultivar hongos y obtener micelio, una estructura que puede ser procesada para estudiar su potencial como biomaterial.

Según Erika Juliana Obando Montoya, docente de la Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias de la Universidad CES, residuos de remolacha, zanahoria, naranja y otros vegetales pueden utilizarse como sustrato en estos procesos.

Los investigadores exploran la posibilidad de utilizar estas estructuras en el desarrollo de apósitos, sistemas de liberación de medicamentos y matrices para el crecimiento celular.

También se estudia su posible utilización como andamios para favorecer el crecimiento de células y, a futuro, explorar aplicaciones relacionadas con la generación de tejidos artificiales.

Estos desarrollos todavía se encuentran en etapas tempranas de investigación y requieren pruebas de caracterización, validación y seguridad, además de los correspondientes procesos regulatorios, antes de avanzar hacia eventuales aplicaciones clínicas.

Empaques que podrían ayudar a conservar los alimentos

El aprovechamiento de la biomasa también se extiende a la industria alimentaria.

Julián Quintero Quiroz, docente e investigador de los programas de Nutrición y Dietética y Química Farmacéutica, explica que los biopolímeros obtenidos a partir de estos residuos pueden estudiarse como materia prima para desarrollar empaques activos e inteligentes.

Los primeros pueden incorporar sustancias con propiedades antimicrobianas o antioxidantes que contribuyan a prolongar la vida útil de los alimentos. Los segundos pueden incluir indicadores que permitan detectar cambios en variables como el pH o la presencia de determinados gases.

“Un residuo se convierte en un vehículo para aumentar la vida útil de los alimentos”, señala Quintero Quiroz.

Una alianza busca llevar la investigación a la industria

Estos desarrollos hacen parte de Abiocas (Alianza de Bioeconomía Circular Aburrá Sur), iniciativa que reúne a la Universidad CES, Universidad Eafit, UPB y Universidad de Medellín, junto con empresas como Colhilados, Crystal Gef e Imac.

La alianza busca aprovechar de manera integral diferentes biomasas agroindustriales del Aburrá Sur y convertirlas en productos biobasados con potencial de incorporación a modelos de economía circular.

El proyecto cuenta con financiación de la convocatoria G8–Ruta N y enfrenta ahora el desafío de llevar los resultados obtenidos en laboratorio hacia mayores niveles de madurez tecnológica.

Para ello, los investigadores deberán avanzar en la caracterización de los materiales, evaluar sus propiedades, estudiar su viabilidad técnica y económica y establecer posibles rutas de transferencia tecnológica.

La apuesta busca demostrar que materiales considerados residuos pueden convertirse en insumos para nuevos procesos productivos y abrir oportunidades de innovación en sectores como el industrial, alimentario y de la salud.


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