Montería. Para amar el campo, sin duda, hay que conocerlo, vivirlo y disfrutar todo lo que él ofrece, pero también significa defenderlo o, en algunos casos, exigir su restitución como en las parcelas de Cedro Cocido donde 112 familias retornaron cuando el Estado les restituyó los predios que la violencia les arrebató.

La alegría de las mujeres campesinas de esta zona, ubicada en el área rural de la capital, es contagiosa. 

No es para menos si se tiene en cuenta las múltiples cualidades que tiene la mujer campesina cordobesa, y en este caso la monteriana que se destaca por ser emprendedora, espontánea, frenteras, sinceras, llenas de amor, pacientes

Nelly del Carmen

y no se dejan abatir tan fácilmente por los problemas.

Hoy estas pequeñas empresarias agropecuarias sacan adelante sus parcelas y aprovechan cada rincón de su predio para ponerlo a producir.

Uno de los rostros femeninos que allí se abre paso es el de Nelly del Carmen Madrid de Pérez, de 59 años de edad, una de las mujeres apasionadas por su pedazo de tierra y por la vida en el campo.

“Las mujeres campesinas aprendemos a solucionar con lo que tengamos a la mano. Somos recursivas”, afirmó.

“Yo nací en el campo, amo la naturaleza, disfruto ver parir una vaca y el crecimiento de un ternero”, asegura Nelly con el rostro iluminado con una sonrisa.

A ella le encanta criar gallinas, pavos y patos y alimentarse con productos sanos y frescos como los que produce en su parcela de cerca de 5 hectáreas.

“Lo más bonito del campo es poder mirar la luna, los amaneceres, disfrutar de la lluvia y ver crecer las semillas, por pequeñas que sean. Eso a mí, me llena”, aseguró.

Nelly tiene un pequeño lote de ganado, pero además tiene árboles frutales, hortalizas, pancoger y las gallinas de su galpón dan su contribución regularmente. También sembró maíz y arroz, así que todo lo que ella, su nieto y sus animales necesitan lo tiene en su parcela.

“Todo esto hace parte de la alimentación campesina, de lo que nosotros producimos y llevamos también a la ciudad”, sostiene con ese sentimiento de orgullo que da el saber que sin el trabajo de los y las campesinas la humanidad no tendría alimentos.

Pero, también reconoce que gran parte de las nuevas generaciones de la zona rural no planean quedarse allí sino irse a la urbe.

“Donde esta migración siga nos iremos a morir de hambre. Migran por falta de garantías, por no dotar al campo de buenas escuelas, de internet, de buenas vías”, reconoce con impotencia. Agrega que los jóvenes no ven garantías de seguir en el campo y no llegan propuestas para motivarlos a permanecer.

“El futuro de ellos está en el campo, no está en la ciudad”, agregó con certeza y la convicción de tener la razón. Eso se lo inculca a su nieto Juan Fernando Ortiz Madrid, quien la acompaña en sus labores.

Pero en su mirada también se deja ver la tristeza de que muchas personas no reconozcan lo que implica sembrar y cuidar el cultivo cada día y cada noche para sacar la cosecha y pretendan que, porque tienen el dinero, pueden ofrecer lo que quieran.

“A la hora de vender nuestros productos nos los quieren pagar a como les dé la gana, mientras que los precios de los insumos agrícolas están por los cielos”, dijo con tono molesto.

Y es que su preocupación es la de miles de campesinos que ven poco estímulo para seguir cosechando la tierra. Pero Nelly tiene esperanza de que en este país mayormente rural se le dé al campo el lugar de privilegio que debe tener y se valore el trabajo de las mujeres y los hombres que aprovechan el campo, esos que lo siembran con amor, que disfrutan sus amaneceres y atardeceres. Esos que se sienten orgullosos de vivir y trabajar en el campo.

Contexto de Cedro Cocido

Cedro Cocido hace parte de una antigua propiedad de 1.410 hectáreas que fueron adquiridas por los ‘paras’ en 1985. 

En el año 1990, el narcotraficante en retiro, Fidel Castaño, desarticula por iniciativa propia el grupo armado a su mando conocido inicialmente como Los Tangueros o Mochacabezas y más tarde como las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá. 

También anuncia la entrega de 10.000 hectáreas de su propiedad a campesinos sin tierra, víctimas de la violencia, desmovilizados suyos y del EPL a través de una ONG creada para el efecto por él y sus colaboradores más cercanos llamada la Fundación para la Paz de Córdoba, FUNPAZCOR.

Tras la desaparición de Fidel Castaño y el rearme de las ACCU-AUC, la Fundación, bajo la dirección de Sor Teresa Gómez Álvarez, cambia de agenda y sin cometer mayores actos de violencia, pero apelando a la reputación de la Casa Castaño, le ordena a los parceleros de Cedro Cocido desprenderse de los predios y abandonar la zona.

Fotos: Unidad de Restitución de Tierras

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