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Bogotá. A veces uno cree que el liderazgo es algo que necesitan solo las personas que ocupan cargos ejecutivos y tienen personal a cargo… Pero esta idea no es completamente acertada.

¿Has necesitado alguna vez hacer que otra persona haga algo? ¿Qué tu hijo hiciera sus tareas o sus obligaciones? ¿Qué un colega hiciera su trabajo, para que tú pudieras hacer el tuyo? ¿Que un vecino bajara el volumen por la noche, porque había un bebé, o una persona mayor intentando dormir?

Pues muy bien, para todo esto necesitas liderazgo.

El liderazgo es, esencialmente, influencia. Un líder político o social influye en millones de personas. Un gerente influye en cientos o miles. Y una persona común y corriente también influye en un buen par de docenas de personas: en sus hijos, su familia, sus vecinos, amigos, colegas y jefes. Simplemente es una cuestión de grado, de dimensión.

Así que cultivar tu liderazgo es algo que te servirá aún si eres trabajador de fábrica. Y si eres ejecutivo y manejas gente, o tienes tu propia empresa, ¡ni hablar!

Entonces vamos a ver las características que cualquier persona puede cultivar para elevar su influencia en la gente a su alrededor… Y, ojalá, hacer esta influencia más positiva y constructiva.

Cuatro características del liderazgo

La competencia: Una de las primeras cosas que una persona observa para decidir si pedirle consejo o no a alguien es su competencia. ¿Eres hábil y efectivo en lo que haces? ¿Eres capaz? ¿Sabes hacer cosas que otros no? Bueno, todo esto contribuye a tu competencia y a la influencia que tendrás en los demás.

Entre más competente seas, más se sentirán bien los demás con darte el control de un pedacito de sus vidas, aún si eso es simplemente pedirte un consejo, o incluso si es algo tan importante como dejarte darles órdenes, o decidir qué pasará con su ciudad o país. La enseñanza no proviene del ejemplo: ¡El liderazgo proviene del ejemplo, y la enseñanza proviene de ese liderazgo!

El propósito: Un 70% de las personas no tiene ni idea de qué está haciendo con su vida. Sí, tiene un trabajo y paga sus facturas y la matrícula del hijo, y saca a la mamá a almorzar el día de la madre… Pero vive un poco por inercia.

La mayoría de las personas no tienen un propósito.

Como líder tienes el don y la obligación de entregar un propósito a todos aquellos que no han sabido encontrar uno. Y si logras dar un buen propósito, ¡la gente tendrá una razón para hacerte caso!

La comprensión: Si quieres influir en alguien, tienes que comprenderlo en mayor o menor medida. Los políticos entienden esto perfectamente, para bien o mal. Entienden exactamente qué es lo que quiere la gente, qué les causa dolor, y qué causa reacciones emocionales en ellos.

Solo si conoces a la gente podrás convencerlos de que te sigan. Porque después de todo, necesitas el acuerdo de tus subordinados para ser líder.

Los políticos usan esta comprensión con propósitos nefastos. Tú la puedes usar para guiar y ayudar a los demás hacia una vida mejor.

El respeto: Todo se condensa en esto. ¡Un líder necesita que la gente lo respete si quiere que lo siga!

Y para construir respeto tienes que combinar todos los factores anteriores. Competencia, propósito, comprensión, (y también otros factores, como integridad y carácter, honestidad, y capacidad de inspirar).

Pero en general, esto es lo que hace a un líder.

¡La gente sigue a quien tiene valor de exigir! Aunque ellos digan que van a seguir a quien es más popular… La gente sigue a aquel por quienes sienten respeto, ya sea un amigo, compañero de trabajo, un padre o un jefe.

Y si quieres aprender más sobre cómo ser buen jefe, este mes Performia Colombia hará un taller sin costo en el que se hablará precisamente sobre esto.

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