San Pelayo. Para aprovechar bien la tierra no se requieren grandes extensiones, así lo demuestra Ledys Hernández, quien junto con su esposo Rodolfo y sus tres hijos, han logrado explotar un cuarto de hectárea en diversas iniciativas productivas. El campo les cambió la vida, así lo reconoce sin dudar.

Esta familia que ama el campo y se enorgullece de vivir en él, residen en El Obligao, zona rural del municipio de San Pelayo.

“Me gusta trabajar la tierra. Mis hijos son profesionales gracias al trabajo del campo. No lo cambio por nada”, relata esta admirable mujer que, desde pequeña, se enamoró del silencio, de trabajar la tierra y sacar lo bueno de ella.

Tras vivir unos años en el casco urbano de Cereté, relata que allí la migraña afectaba su salud, casi que a diario. Por ello, vislumbraron la posibilidad de retornar a la zona rural y al llegar a la parcela donde viven hoy desde hace varios años, reconoce que allí todo cambió: “Desde que llegamos a esta parcela fue una bendición”, afirmó, con la certeza de quien sabe aprovechar las bondades de la tierra.

En su parcela tienen cosecha permanente de maíz, yuca, plátano, ñame, ají, cebollín, cilantro, maracuyá, papaya, entre otros. También tienen un cultivo de cachama y un lote de cerdos. “Con el campo, cosechamos, comemos, vendemos, regalamos”, dijo.

Ledys lo tiene claro, para ella, la vida empieza en el campo. “Hemos tenido muy buenas cosechas. Siempre hemos tenido el pan para comer todos los días, tanto para el consumo como para hacer trueque y para vender”, sostuvo.

Esta mujer, orgullosamente campesina es una de las beneficiarias del programa de Seguridad Alimentaria, ReSA, que financia Prosperidad Social. Y destaca el apoyo económico, pero también el acompañamiento que ha tenido para sacarle un mejor provecho a su pedacito de tierra. Y por eso el lema de la estrategia caló sus fibras y por eso lo pone en práctica: ‘Sembrar para no comprar lo que la tierra nos puede dar’.

“Incentivan a uno cada día a cultivar mejor, con abonos orgánicos. El conocimiento que nos queda fue enorme. El acompañamiento muy bueno. Nos enseñaron a comer diferente, más sano. También nos enseñaron que los frutales le dan sombra a nuestro cultivo”, agregó.

“Muchos se van del campo buscando un mejor vivir en una ciudad, yo pienso que en el campo está la vida. La vida sale del campo. Si nosotros los campesinos no cosecháramos, ¿Qué comemos? Nosotros, como campesinos, empezamos la vida en el campo”, puntualizó Ledys, quien además de aprovechar el conocimiento dado es multiplicadora y comparte su saber con todo el que lo necesite.

El campo es tranquilidad, comida y vida, así lo define.






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