Valencia. Llevar el campo en el corazón, amarlo y entender que es vida y hacedor de vida, de eso sí que saben las mujeres que, de sol a sol, con su trabajo, a veces silencioso, aportan su trabajo para producir alimento, preservar el verdor y la frescura del territorio rural.

Una de ellas es Adela Peña González, quien junto con otras mujeres y hombres de la vereda El Venado, ubicada a unos siete kilómetros del casco urbano, sacan adelante proyectos productivos y sostenibles.

Ella tiene super claro que el campo es fundamental, por cuanto les permite aprovechar y ‘sacarle jugo’ a la tierra.

“Para mi el campo es importante, ya que es donde podemos desarrollar actividades agrícolas, pecuarias, piscícolas, entre otras. Desde estos sectores podemos contribuir a resolver necesidades de alimentación y económicas. Por eso para mi el campo es muy valioso”, asegura con certeza.

Para ella, la mujer del campo cordobesa tiene muchas cualidades. “Pienso que la mujer rural es fuerte, emprendedor, berraca, incansable, sensible, trabajadora. La gran mayoría de mujeres, en mi región, aunque no es mi caso, asumen la responsabilidad de padre y madre en el hogar, luchando cada día para sacar adelante a sus familias”, afirmó.

Adela lidera en su vereda como representante legal, los procesos productivos de la Asociación de Productores del Venado, Asoprovena.

Contó que tienen un proyecto piscícola, con especies como la cachama, la tilapia y el bocachico. Explica que eso empezó como algo familiar y hoy en día tiene una connotación comunitaria.

“El año pasado aplicamos a una convocatoria de los Pdet. Partiendo de la problemática de seguridad alimentaria que se presenta en las familias de los asociados, presentamos la propuesta que denominamos: ‘Módulos generadores de seguridad alimentaria y nutricional’, como un derecho fundamental”, afirma con el orgullo de saber que el trabajo que realizan contribuye a que las familias accedan a una alimentación saludable y con ella se mejora la calidad de vida de los asociados.

Reconoce que ha sido esencial el acompañamiento de la Agencia para la Renovación del Territorio, para poder aplicar a la convocatoria.

La implementación de estos módulos contemplan galpones de gallinas ponedoras, pollos de engorde y huertos caseros con hortalizas y árboles frutales.

De esta manera, todo lo que necesitan sale del campo: Tomate, ají, berenjena, habichuelas, col, cebollín y frutales como guayaba y naranja. Sin contar, los huevos, el pescado y el pollo.

Con este proyecto se benefician 14 familias, integradas por un total de 53 personas, entre niños, jóvenes y adultos, así como adultos mayores.

Cada familia tiene su módulo y sus miembros realizan las labores de mantenimiento. “Estamos, con eso, aprendiendo a trabajar en equipo. Para que los niños se vayan enamorando del campo y que vayan desarrollando sus habilidades. Que se den cuenta que en el campo, siendo organizados y con apoyo, se puede salir adelante”, afirmó.

Y ya reciben los ‘frutos’ de su trabajo, ya las gallinas están poniendo, están vendiendo pollos, de esta manera tienen su propio sustento, y la manera de percibir recursos para seguir invirtiendo en la producción y garantizar la sostenibilidad.

Finalmente, considera que uno de los retos de la mujer rural es ser más visibles como mujeres que contribuyen al desarrollo social y económico de una región, y que no solo las miren como campesinas.

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