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Redacción. En Colombia, el proyecto Redmas, desarrollado conjuntamente por la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce), la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Agrosavia) y el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), confirmó la presencia de la mancha ocular del maíz en la Altillanura y el piedemonte del departamento del Meta, en zonas productoras comprendidas entre Villavicencio y Puerto Gaitán.

De acuerdo con los resultados del monitoreo, el 98 % de las plantas evaluadas en los lotes estudiados presentó la enfermedad, cuyas lesiones comprometieron entre el 10 % y el 20 % de la superficie foliar. Estos hallazgos refuerzan la necesidad de mantener una vigilancia constante sobre la sanidad de los cultivos, especialmente ante condiciones ambientales que favorecen el desarrollo de enfermedades.

Una enfermedad reportada también en otros países de Suramérica

La mancha ocular del maíz no se limita a Colombia. En Brasil, la enfermedad se identificó en más de 30 tipos de maíz, con lesiones que afectaron entre el 7 % y el 17 % de la superficie de las hojas.

Por su parte, Uruguay reportó por primera vez la enfermedad en 2025. En ese país, se detectó en todas las plantas evaluadas y las lesiones comprometieron cerca del 40 % de la superficie foliar.

Estos reportes evidencian la importancia de fortalecer el monitoreo fitosanitario y de reconocer oportunamente los síntomas para facilitar la evaluación de la enfermedad en las diferentes regiones productoras.

¿Qué es la mancha ocular del maíz y qué favorece su desarrollo?

La mancha ocular del maíz es una enfermedad foliar asociada al hongo Kabatiella sp. que afecta principalmente las hojas de la planta. Cuando alcanza niveles elevados de severidad, puede reducir la capacidad de la planta para realizar la fotosíntesis y, con ello, comprometer su desarrollo.

Su aparición y propagación pueden verse favorecidas por diferentes factores, entre ellos:

Monocultivo de maíz: la siembra continua de este cultivo puede contribuir a mantener las fuentes de infección en el lote.

Residuos de cosecha infectados: cuando permanecen sobre la superficie del suelo, pueden actuar como fuente de inóculo primario, una condición frecuente en sistemas de labranza mínima o siembra directa.

Susceptibilidad del híbrido: la respuesta de los materiales sembrados puede influir en la presencia y severidad de la enfermedad.

Condiciones ambientales favorables: las temperaturas nocturnas moderadas, inferiores a 25 °C, junto con periodos prolongados de humedad relativa alta y mojado foliar, pueden favorecer su desarrollo. Estas condiciones suelen presentarse con lluvias frecuentes, rocío o neblina.

¿Cómo reconocer los síntomas?

La identificación oportuna de la mancha ocular requiere prestar atención a los cambios que aparecen en las hojas. Entre los principales signos se encuentran:

En sus primeras etapas: pequeñas manchas circulares u ovaladas, de entre 1 y 4 milímetros, con apariencia translúcida y aspecto húmedo.

En las lesiones características: un centro de color crema a pardo, un borde oscuro y un halo amarillento.

A medida que avanza: las lesiones pueden unirse y formar áreas de tejido seco y muerto, aumentando la superficie foliar afectada.

Es importante tener en cuenta que estos síntomas pueden confundirse con los de otras enfermedades foliares del maíz. Por esta razón, la observación visual permite identificar casos sospechosos, pero el diagnóstico debe confirmarse mediante análisis de laboratorio.

La detección temprana, clave para la vigilancia fitosanitaria

Ante la aparición de síntomas sospechosos, se recomienda a los productores reportar los hallazgos a Fenalce, Agrosavia o el ICA, entidades que trabajan de manera articulada en la vigilancia, prevención y manejo de problemas fitosanitarios a través del proyecto Redmas.

El monitoreo oportuno permite documentar la presencia de enfermedades, mejorar el conocimiento sobre su distribución y aportar información para orientar las decisiones de manejo en campo.

La vigilancia fitosanitaria es una herramienta fundamental para proteger la sanidad de los cultivos de maíz. Reconocer los síntomas, evitar diagnósticos basados únicamente en la apariencia de las lesiones y reportar oportunamente los casos sospechosos son acciones que contribuyen a fortalecer la respuesta del sector agrícola frente a este tipo de amenazas.


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