Colombia tiene potencial para multiplicar por 13 sus plantaciones forestales comerciales y fortalecer una economía más sostenible
Redacción. Colombia tiene la posibilidad de convertirse en uno de los principales referentes forestales de América Latina. Aunque actualmente registra 551.345 hectáreas de plantaciones forestales comerciales, el país dispone de 7,5 millones de hectáreas con vocación para el establecimiento de estos cultivos, lo que representa una oportunidad para fortalecer la producción sostenible, dinamizar las economías regionales y ampliar la oferta de madera legal para la industria.
Así lo señalan cifras de la Federación Nacional de Industriales de la Madera (Fedemaderas), con base en las áreas identificadas por la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (Upra), que evidencian el amplio margen de crecimiento que tiene esta actividad para responder a la demanda nacional e internacional de productos forestales provenientes de fuentes renovables.
El impacto económico del sector ya es significativo. De acuerdo con Fedemaderas, la cadena forestal y de la madera aporta el 0,97 % del Producto Interno Bruto (PIB), genera más de 215.000 empleos, agrupa 2.181 empresas activas y registra exportaciones cercanas a los USD 600 millones, consolidándose como una actividad estratégica para el desarrollo productivo del país.
Las plantaciones forestales comerciales se desarrollan mediante la siembra planificada de especies como pino, eucalipto, teca y melina, destinadas al abastecimiento de industrias como la construcción, los empaques, los muebles, la logística y otros sectores manufactureros. A diferencia de la extracción de madera de bosques naturales, este modelo opera bajo ciclos de siembra, manejo, cosecha y reforestación que garantizan la renovación permanente del recurso.
Captura de dióxido de carbono
Además de asegurar el suministro legal y trazable de madera, estas plantaciones contribuyen a la captura de dióxido de carbono (CO₂), la recuperación de suelos y la generación de empleo formal en zonas rurales, convirtiéndose en una alternativa que combina productividad con sostenibilidad.
Para Nicoll Monguí, coordinadora comercial y de despacho de Central de Maderas, el crecimiento de este modelo representa una oportunidad para que el país fortalezca su competitividad sin comprometer sus ecosistemas.
“Las plantaciones forestales comerciales demuestran que el desarrollo industrial y la sostenibilidad pueden avanzar de la mano. Cada árbol que aprovechamos hace parte de un ciclo responsable de siembra, cosecha y reforestación, lo que permite garantizar la legalidad de la materia prima y contribuir a la protección de los bosques naturales”, señaló.
Como ejemplo de esta tendencia, Central de Maderas desarrolla su operación exclusivamente con madera proveniente de plantaciones forestales comerciales y no emplea especies nativas en sus procesos. La compañía cuenta con más de 500 hectáreas de bosques reforestados y ha sembrado más de 340.000 árboles. En 2025 reportó que evitó la tala de 18.586 árboles y redujo su huella de carbono en 103,20 kg.











