Con ganadería sostenible se ha mejorado la carga animal
Montería, Córdoba. Desde cuando se empezó a hablar con mayor insistencia del sistema rotacional Voisin en Colombia, en los inicios de la década del 2000, productores ganaderos del Caribe colombiano, en especial de Córdoba y Sucre, empezaron a trabajarlo.
Este se complementó con el sistema silvopastoril. La idea era sacarle el mejor provecho al terreno que se poseía y, sobre todo, tener más ganado en menos espacio. Entendidos en el negocio, porque están metidos en él, aseguran que en el Departamento se ha mejorado, porque mientras el promedio nacional es de un animal o animal y medio por hectárea, en este territorio ya se está hablando del doble de eso.
Y quienes lo han hecho son ganaderos empresarios que llevan contabilidades y saben que es conveniente conocer cuánto les vale producir un kilo de carne o un litro de leche. Es decir, que del total de grandes ganaderos con más de 500 animales -que en Córdoba es del 2,4% del universo de cerca de 34 mil predios- tienen más animales en menos tierra. Son contadas las excepciones de quienes estando en esta categoría no son eficientes en su producción.
El análisis se trae a colación a propósito de la intervención del presidente Gustavo Petro, durante la entrega de un predio en Montería, en el que decía: “Pero a los grandes, grandes ganaderos les queremos hacer un negocio: más vacas, menos tierra. ¿Cómo pueden tener más vacas y menos tierras? Pues con otros pastos. Con la técnica silvopastoril; sembrando árboles con frutos adecuados, ayudados por nosotros. Lo que yo les propongo es que se vuelvan más ricos, pero a cambio de un pedazo de tierra. Que nos vendan esa tierra; pero parte del precio de esa tierra lo pagamos nosotros es con nuestros recursos, para que ellos se vuelvan más productivos en el resto de tierra que tienen”.

La división de potreros le permite a los ganaderos la rotación y que los animales siempre estén comiendo la parte más nutricional del pasto.
Ganadero y agricultor
En este caso, lo que tocaría, como en algún momento lo aseguró el ganadero Rafael Díaz Sánchez, es que el ganadero también sea agricultor, que aproveche parte de su tierra sembrando.
Y Córdoba no se ha quedado atrás en este sentido, ganaderos empezaron a sembrar coco, en sus potreros para enriquecer el suelo, para ser amigables con el ambiente y para tener otros ingresos. Igual también se trabaja complementando la ganadería con plátano y maíz.
Sobre la postura del Presidente de la República, Paul Rodríguez Sánchez, ganadero y director ejecutivo del Comité de Criadores Cebuínos Lecheros y sus Cruces (Cclc), afirma que tener más vacas en menos tierras requiere una inversión que quizá muchos ganaderos no estén en condiciones de asumirlas, mucho menos en estos tiempos de la economía. “Para hacer rotaciones o hacer ganadería regenerativa se necesitan inversiones como las cercas, bebederos, mejoramiento de pasturas. Y para el caso de Córdoba que la gran mayoría (84,1% según el último ciclo de vacunación) son pequeños ganaderos de subsistencia, es difícil porque si hacen la inversión no pueden mandar el hijo a la universidad o atender temas de salud”, precisa el también académico Rodríguez Sánchez.
Dos décadas de trabajo
A su turno, el presidente ejecutivo de Ganacor, Humberto Lora Jiménez, asegura que la ganadería sostenible, el sistema silvopastoril y el bienestar animal es práctica que se viene trabajando desde hace 20 años por parte de la Federación Ganadera de Córdoba. Y en la actualidad se está trabajando con el pequeño productor -que tiene representación en la junta directiva de la agremiación- con proyectos de mejoramiento genético para mejorar la producción lo cual también viene acompañado de tener pastos certificados y la implementación de sistemas silvopastoriles. “En Córdoba falta tecnificación de las tierras, si optimizas tu unidad agrícola puedes aumentar la capacidad de carga como pequeño o mediano productor”, concluye Lora Jiménez.
En Córdoba hay tierras inundables que solo se pueden usar en ganadería, porque sembrar un cultivo es arriesgarse a perderlo, como ocurren en varios sectores en la vía hacia Tierralta.











