El otro partido del Mundial: finanzas familiares en la cancha
Bogotá. A pocos días del inicio del Mundial de Fútbol, Colombia se alista para vivir una nueva fiesta colectiva marcada por camisetas, reuniones familiares, ‘vacas’ con amigos y celebraciones. Sin embargo, detrás de cada gol y cada festejo se juega otro partido: el de las finanzas de los hogares.
De acuerdo con el análisis de Cristian Oswaldo Beltrán, docente y magíster de la Escuela de Negocios de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz, el consumidor colombiano enfrentará el torneo con una mezcla de pasión, creatividad y cautela financiera. “El colombiano es un consumidor profundamente emocional. Aunque existan presiones económicas e inflación, el mundial funciona como una válvula de escape”, señaló.
El experto advierte que el comportamiento de consumo puede variar según el desempeño de la Selección Colombia. Si el equipo avanza de fase, sectores como el comercio, la gastronomía, los domicilios y el entretenimiento podrían registrar incrementos significativos en la demanda.
Beltrán compara la economía de los hogares con una alineación de fútbol:
- Arquero: ingreso fijo mensual, que contiene los gastos esenciales.
- Defensa: formatos de descuento y marcas propias, aliados contra la inflación.
- Doble cinco: billeteras digitales, que organizan gastos y ‘vacas’.
- Número 10: la tienda de barrio, que resuelve necesidades inmediatas.
- Delantero centro: la inteligencia financiera, ese gasto planificado para disfrutar sin comprometer la estabilidad.
No obstante, la euforia deportiva puede convertirse en un rival peligroso. El gasto hormiga, las compras impulsivas, los domicilios y las apuestas tienden a aumentar en las fases decisivas del torneo. Además, aparecen nuevos protagonistas: camisetas oficiales, consumo de bebidas y créditos inmediatos para televisores o dispositivos tecnológicos.
La principal recomendación es planificar con anticipación los recursos destinados a cada fase y evitar decisiones impulsivas. “El Mundial se gana en el comedor de la casa, en la tienda del barrio y en el balance del bolsillo. La alegría no es un lujo para los colombianos; es parte de su resiliencia cotidiana”, concluyó Beltrán.











