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Redacción. La inteligencia artificial (IA) avanza a pasos acelerados: analiza datos, automatiza procesos y genera respuestas en segundos. Las empresas invierten millones en su implementación, pero muchas aún no logran resultados tangibles. El problema no está en la falta de datos, sino en algo más elemental: no saben dónde actuar.

Hoy la IA ya forma parte de las decisiones empresariales y gubernamentales, ofreciendo respuestas rápidas al “qué pasó”, “qué dice un documento” o “”qué patrón existe en los datos”. Según el informe Inteligencia Artificial y la empleabilidad del futuro, en Colombia un 47% de los directivos y un 42% de los trabajadores reconocen la IA como una herramienta útil para optimizar procesos mediante la automatización de tareas rutinarias. Además, cerca del 35% de ambos grupos la perciben como una tecnología con impacto positivo, capaz de incrementar la competitividad organizacional.

Sin embargo, el panorama global es menos alentador. De acuerdo con el estudio del MIT The GenAI Divide: State of AI in Business 2025, el 95% de los proyectos empresariales basados en IA no generan un impacto medible. Los planes se quedan en el computador y, al llegar al mundo real, no sobreviven. La razón es clara: aunque la IA responde qué ocurrió o qué dicen los datos, aún no logra responder algo fundamental para la toma de decisiones: dónde suceden las cosas.

Esta desconexión se vuelve crítica en sectores donde el territorio es determinante, como el retail, la infraestructura, los servicios públicos o la planificación urbana. Allí, decisiones sobre expansión, asignación de recursos o gestión de riesgos dependen directamente de variables espaciales.

Ante este reto, surge la inteligencia artificial geoespacial (GeoIA), una evolución natural que combina modelos de machine learning con sistemas de información geográfica. Su objetivo: analizar patrones espaciales, inferir relaciones y generar recomendaciones accionables en el territorio. Los mapas dejan de ser estáticos y se transforman en sistemas capaces de aprender del entorno, detectar patrones y proponer acciones con trazabilidad de métricas y errores.

“La GeoIA representa un cambio, porque ya no se trata solo de observar, sino de preguntarle al territorio lo que necesita y obtener respuestas fundamentadas en datos”, explica Deiro González, gerente de Tecnología de Esri Colombia.

Así, los grandes volúmenes de datos geográficos, imágenes y series temporales se convierten en la base para decisiones más informadas en movilidad, seguridad, servicios públicos, expansión de negocios y otros ámbitos estratégicos. La GeoIA apunta a resolver uno de los principales cuellos de botella de la inteligencia artificial empresarial: transformar análisis en decisiones operativas que generen impacto medible.

“La IA opera como un asistente que permite sacar el mayor provecho de la información geográfica y generar productos más ricos, que incluyen modelos aumentados de la realidad para tomar aún mejores decisiones”, añade González.


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