Consideraciones para tener praderas estables y sostenibles
Montería, Córdoba. La ingeniera agrónoma Mayra Mercado Pérez socializó con miembros del sector agropecuario y productivo presentes en la carpa académica Alianzas que Construyen, cuáles son las consideraciones previas para el establecimiento de praderas, teniendo en cuenta cada una de las etapas de la siembra y las condiciones climáticas de cada región.
En este espacio formativo, de transferencia de conocimiento y socialización de experiencias exitosas liderado por la Universidad Pontificia Bolivariana, se destacaron las etapas de la siembra.
“Lo primero es la planeación, luego hay que programar las actividades, analizar el suelo, la adecuación del terreno y del suelo, siembra y fertilización con la selección de especies con la información del diagnóstico, posteriormente la etapa del crecimiento temprano y la utilización, que es la cosecha de nuestro cultivo. El pastoreo es la cosecha del cultivo como tal”, explica Mayra Mercado Pérez.
La naturaleza habla y es deber del ser humano escucharla e identificar las condiciones del suelo y con apoyo técnico lograr una ganadería sostenible. “Una mala decisión desde un establecimiento de praderas te influye inmediatamente en los resultados. Hagan el diagnóstico siempre de lo que encuentran en su alrededor. Entre más información previa tengan, minimizan los riesgos, minimizan los fracasos”, añade la ingeniera agrónoma.
El punto de partida es la semilla
La semilla es el punto de partida y es importante realizarle pruebas de calidad, pureza, viabilidad, germinación, y conocer el número de semillas por gramos. Cuando vayan a hacer establecimiento de praderas es muy importante la adquisición de semillas de buena calidad. Una mala semilla significa grandes pérdidas de recurso tiempo y económico. La pureza indica precisamente la composición en peso de la muestra y se hace en laboratorio. Por su parte, la viabilidad indica qué porcentaje de semilla está viva. Hay semillas que pueden tener viabilidad y no tienen germinación.
“Si estamos hablando de consideraciones previas debemos conocer cuándo va a llover para saber cuándo sembrar y por eso es importante estar informados. Hay que llevar los registros del clima. El histórico. Algunos podrán decirnos que está lloviendo durísimo, pero esos son eventos y hay que revisar cómo cierra el mes. Es posible, Dios no lo quiera, que nos esté cayendo el agua que nos va a faltar en el segundo semestre. Que se esté marcando por eventos. La naturaleza habla y el suelo siempre suministra información que debemos identificar”, indica la ingeniera agrónoma.
Según Mercado Pérez a nivel climático este ha sido el año de los insectos plaga y le han reportado varios casos donde ha hecho presencia, y todo ese tipo de consideraciones también se deben tener en cuenta antes de la siembra para evitar pérdidas.
Conocer el suelo
En las etapas de la siembra se considera fundamental identificar las texturas del suelo. La ingeniera Mayra Mercado compartió una técnica muy conocida entre el gremio que puede ser útil para las personas que trabajan el campo, conocido como ‘método de tarro’. Explica que “lo que hacen es llenar un frasco de cristal con fracciones del suelo, por lotes. Luego, por el peso de las fracciones, de arena o arcilla, se van sedimentando, y así, con ayuda de la academia, se pueden determinar texturas. Pasadas las 24 horas se miden cada una de las capas, se sacan los porcentajes, se comparte el dato con el ingeniero agrónomo y se le explica cómo se hace la lectura, y a través del cuadro de texturas se puede determinar la textura del suelo en campo”.
¿Para qué sirve conocer las texturas de sus suelos si lo que requieren son las consideraciones previas para el establecimiento de praderas? Saber qué textura de suelo tiene usted le va a ayudar seleccionar las especies adaptadas al medio y mejor se comporta, teniendo en cuenta que hay especies que tienen resistencia o son susceptibles a condiciones de sequía, encharcamiento y otras condiciones.
Suelos diferentes
Los factores que inciden para que el suelo sea fértil y saber cuál es el PH de ese suelo, es una herramienta muy importante. La coloración de los suelos cambia según la zona, químicamente el PH cambia y ese PH es el nivel de acidez y alcalinidad.
“Si tengo PH muy ácidos, es decir muy bajos, voy a tener empobrecimiento por magnesio, calcio, potasio o en su defecto, si son muy alcalinos voy a tener exceso de sodio y calcio. En departamentos como la Guajira, nos encontramos con PH altos, de 7.9%, 8.2%, son suelos salinos con comportamientos distintos al comportamiento de una pastura con PH bajo”, informa la ingeniera Mayra Mercado.
En consideraciones previas también es importante hacer pruebas de calidad y tener información básica climática.
Consulta la programación de las charlas y conferencias en el micrositio de Alianzas que Construyen: www.upb.edu.co/es/alianzas-que-construyen











