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Montería, Córdoba. A más de uno, -que lo disimuló-, se le salió una lágrima al escuchar las historias de jóvenes del territorio del San Jorge, de los municipios vecinos a la operación de Cerro Matoso, que han logrado alcanzar sus sueños, incluso más allá de esos sueños, gracias a la educación que han recibido.

Lograron educación superior, muy escasa en esos territorios del sur de Córdoba. Pero quienes han puesto su empeño en destacarse en sus comunidades, a pesar de las dificultades, la han alcanzado.

Pero, hay que decir que en esos logros han estado acompañados. Acompañados de la empresa que desde hace más de diez años le apostó a educar a la gente de sus comunidades vecinas para que ellos a su vez dejen un legado a sus comunidades.

No es cuento de la empresa, son los mismos protagonistas, los que estuvieron en la carpa académica montada por la UPB en alianza con varias empresas, en el marco de la 61 Feria Nacional de la Ganadería, los que contaron estas historias.

Historias inspiradoras

Por ejemplo, la de Yanira Peña que hoy es profesional de Negocios Internacionales de la Universidad Santo Tomás de Medellín, trabaja en Medellín como analista en gestión de proveedores de una empresa importadora de maquinaria pesada.

Ella y su familia fueron víctimas de la violencia y tuvieron que salir de su parcelación de Aguas Vivas en Puerto Libertador, para Montelíbano, sus padres se regresaron, pero ella se negó porque sus sueños estaban en otros lados. Se quedó en Montelíbano y siguió estudiando y aunque sus sueños la empujaban a seguir luchando reconoce que las cosas se facilitaron cuando fue beneficiaria del programa de becas de Cerro Matoso.

“Siento que estoy realizada, miro atrás y soy esa persona que algunos años atrás soñé y gracias al programa de becas que ha realizado sueños, no solo los míos, sino también de mis compañeros y de todas esas comunidades que están alejadas hay muchos jóvenes preparados”, cuenta Yanira Peña.

Otra historia conocida ayer fue la de Ernesto Hoyos Rivera, ingeniero eléctrico de la Universidad del Sinú, que hoy labora en Cerro Matoso. Él es miembro activo del Cabildo Guacarí La Odisea en Puerto Libertador, una comunidad donde siempre se había pensado que ser profesional era un sueño imposible de realizar. Hizo sus prácticas en la empresa niquelera y tuvo la oportunidad de concursar para unos cargos que abrió la empresa y resultó ser uno de los cuatro ingenieros que la compañía contrató.

Motivan a seguir apostándole

“El diálogo social que ha tenido la empresa Cerro Matoso con las comunidades vecinas ha permitido la construcción de muchas historias. Por ejemplo, la comunidad con sus aportes logró que adultos mayores que eran analfabetas alcanzaran su título de bachiller”, contó Hoyos Rivera.

“Estas historias nos dan emoción y motivación a seguir apostándole a la educación. Una de las principales apuestas es la educación. Hemos marcado la diferencia en el territorio y es donde la compañía quiere seguir. El estar enganchado constantemente con toda la gente que nos rodea en el territorio nos da satisfacción ver como un granito de arena se multiplica y se generan otras muchas cosas más”, manifestó a su turno Joyce Nessin, gerente de Asuntos Corporativos de Cerro Matoso, quien acompañó a los jóvenes que han sido becarios de la compañía a contar sus historias. Y que sirven de inspiración para los más jóvenes.

En la charla, que estuvo dirigida por el periodista Toño Sánchez Jr., estuvieron Luis Angel Polo, Heilen Martínez, Ernesto Hoyos y Yanira Peña.

Cerro Matoso ha facilitado que más de 200 jóvenes rurales de las comunidades vecinas alcancen la educación superior, como también permitido que 10 mil aprendices se hayan formado en la sede del Sena en el San Jorge, específicamente en Montelíbano.

 


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