Enero marca el pulso del año: las decisiones que anticipan cómo consumirán los colombianos en 2026
Bogotá. Enero es mucho más que el inicio del calendario. Es el mes en el que los consumidores hacen una pausa, revisan lo que pasó en diciembre y, casi sin darse cuenta, definen cómo será su relación con el consumo durante el resto del año. Las decisiones que se toman en estas primeras semanas —qué se compra, qué se posterga y qué se replantea— funcionan como un anticipo claro del comportamiento que marcará los próximos meses.
Después de una temporada de alto gasto, enero activa un momento de evaluación. Según el Future Consumer Index 2025 de EY, el 56 % de los colombianos está preocupado por el costo de la vida, una percepción que empuja a las personas a ser más cuidadosas, a comparar precios y a pensar dos veces antes de gastar. Más que un freno al consumo, este contexto da paso a decisiones más conscientes y mejor informadas.
“La manera en que consumimos en enero revela mucho más de lo que parece. No se trata solo de gastar menos, sino de entender qué tiene sentido y qué no en el día a día. Esa lógica suele mantenerse durante todo el año”, señala Ana Jiménez, Country Manager de GoTrendier.
De cara a 2026, emerge un consumidor más estratégico que impulsivo. Busca control sobre su presupuesto, valora la durabilidad y prefiere opciones que le permitan aprovechar mejor lo que ya tiene. El gasto deja de ser automático y se convierte en una decisión pensada, donde el valor real pesa más que la novedad.
Desde la observación de los hábitos de consumo en plataformas digitales, este cambio se hace evidente. De acuerdo con el Informe de Primera Mano sobre la Segunda Mano 2025 de GoTrendier, millones de personas utilizan herramientas digitales no solo para comprar, sino también para vender y optimizar recursos. El hecho de que cada 15 segundos se concrete una transacción y que una parte de los usuarios genere ingresos adicionales a partir de lo que ya no usa, refleja un consumidor que entiende el consumo como parte de su planificación financiera y no como un acto aislado.
“El consumidor que veremos en 2026 es más práctico y menos emocional frente a la compra. Se informa, compara y elige con intención. No busca acumular, sino tomar decisiones que le den tranquilidad y control”, agrega Jiménez.
Este comportamiento se replica en distintas categorías y contextos. Crece el interés por alternativas que permitan extender la vida útil de los productos, reducir gastos innecesarios y tomar decisiones alineadas con prioridades personales. Más que una tendencia puntual, se trata de un cambio de mentalidad que redefine la forma en la que las personas se relacionan con el consumo.
Así, enero se consolida como el mes que marca el pulso del año. Las decisiones que se toman hoy anticipan un 2026 en el que el consumidor será más consciente, más estratégico y, sobre todo, más alineado con lo que realmente valora.











