Empieza en el garaje
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Redacción. El mentor no siempre tiene la razón.
Patricia tenía un negocio exitoso de consultoría. Ella era sensata, tenía 5 o 6 empleados que entrenaba constantemente. Tenía buenos clientes que la recomendaban, y su negocio tenía un crecimiento paulatino moderado y normal. Su oficina estaba alejada del Business Center de la ciudad e incluso de la zona comercial de su barrio. Al estar en una zona residencial, en el mismo edificio donde ella vivía, le proporcionaba no solo un arriendo de precio moderado, acorde a sus ingresos, sino también una muy buena calidad de vida, apartada del tumulto y los problemas de tráfico de la gran ciudad.
Un día Patricia visitó a su antiguo mentor y consejero. Era su antiguo profesor, muy sabio, según ella, que solía darle recomendaciones de diferente tipo. Esta vez su recomendación fue: “Si quieres pertenecer a las grandes ligas, tienes que estar donde están los de las grandes ligas”.
Entonces Patricia perdió su sensatez. Tomó esa idea prestada de trasladarse al Business Center de la ciudad como si fuera suya, e insistió en su convicción de que ese era el “gran salto” y que era necesario. Nada la hizo cambiar de idea. Ni siquiera el tratar de hacerle ver que sus clientes nunca la visitaban en su oficina. Por el contrario, ella siempre visitaba a sus clientes. Terminó tomando en arriendo una oficina con capacidad para 15 personas en una de las zonas más costosas y con un arriendo 7 veces más alto al que tenía, con la ilusión de que la estructura (una linda oficina) le traería funcionalidad (negocios).
Pero eso no funciona así. Es la función lo que trae estructura, y no al contrario. Patricia al fin tuvo que entregar la oficina, pagar 3 meses de penalidad por hacerlo antes de tiempo, liquidar su empresa, quedarse con una deuda y olvidarse del sueño de ser una exitosa empresaria: volvió a emplearse.
¡La función es lo primero!
La mayoría de grandes compañías, incluso Apple y Microsoft, nacieron en un garaje y permanecieron allí hasta que la funcionalidad del negocio trajo los ingresos necesarios para adquirir la estructura deseada. En realidad, la mayoría de empresas tiene más estructura de la que necesitaría para funcionar bien, desde el momento que entran en juego la moda, el lujo, la estética y el ego.
No hay nada de malo en la estética, el espacio, la comodidad y el lujo. Siempre y cuando primero aseguremos la funcionalidad y por tanto los resultados del negocio en cuestión.
Al construir un parque, los ingenieros tienen ideas maravillosas acerca de la mejor estructura de los diferentes senderos y los diseñan de manera que ahorren material y se vean estéticos. La gente que comienza a pasar por el parque lo hace de la manera más “funcional” y al atravesarlo por el camino más corto pisan el prado y crean sus propios senderos con sus pisadas, a pesar de los múltiples letreros de “Prohibido pisar el prado”.
Los ingenieros que conocen el principio de “La función sobre la estructura” construyen el parque sin senderos y permiten que la gente camine sobre el mismo como lo encuentren más funcional y cómodo. Una vez las personas marcan con sus pisadas los senderos más habituales y funcionales para cruzarlo, los ingenieros ponen la estructura de los mismos en cemento o baldosas que los transeúntes van a usar siempre. Y así se ahorran los letreros y amenazas de multas por pisar el prado.
Para aplicar:
Tienes que hacer que la empresa funcione, que se puedan vender y entregar de manera rápida y eficiente los productos o servicios. Que se pueda facturar y recaudar el dinero de manera efectiva. Que haya reservas para cualquier emergencia. Y que haya utilidades. Después puedes pensar en la estructura, la estética, el lujo y las nuevas propiedades o los arriendos costosos.











