El coco: oportunidad estratégica para la agroindustria colombiana
Redacción. El crecimiento sostenido del mercado internacional de derivados del coco y el auge de productos naturales, funcionales y plant-based abren una ventana estratégica para que Colombia atraiga inversión extranjera hacia proyectos agroindustriales con mayor valor agregado.
Según cifras de la FAO, la producción mundial de coco alcanza cerca de 65 millones de toneladas anuales, con Asia concentrando más del 70% de la oferta global. Sin embargo, el mayor dinamismo del sector no está en la producción primaria, sino en la transformación industrial del fruto.
Un mercado global en expansión
Firmas internacionales como Future Market Insights y Grand View Research estiman que el mercado global de derivados del coco —aceite, agua, leche, harina e ingredientes funcionales— supera los USD 20.000 millones, con proyecciones de crecimiento anual entre 9% y 10% hacia 2030.
- El mercado mundial de agua de coco se sitúa en USD 9.000–10.000 millones, con crecimientos de doble dígito en Norteamérica y Europa.
- El mercado global de aceite de coco ronda los USD 4.000 millones, con expansión sostenida de 7%-8% anual.
Datos del International Trade Centre muestran que el comercio internacional de coco y sus derivados supera los USD 6.000 millones anuales, con creciente participación de productos refinados y de mayor procesamiento.
Oportunidad para Colombia
Para Colombia, este entorno global coincide con una oportunidad estructural: avanzar en la transformación industrial del coco para sustituir importaciones de derivados procesados, sofisticar su canasta exportadora y capturar mayor valor en origen.
La presidenta de ProColombia, Carmen Caballero, destacó: “Hoy vemos una combinación clara de factores: un mercado global en expansión, una demanda interna creciente y territorios con capacidad productiva para escalar. Colombia tiene condiciones agroclimáticas comparables a grandes productores internacionales y acceso preferencial a más de 60 mercados. Esto nos permite promover inversión extranjera en transformación de coco, generar valor agregado en origen y consolidar una plataforma exportadora regional”.
Potencial productivo
El consumo nacional de coco fresco ronda las 137 mil toneladas anuales, cubierto mayoritariamente por producción local. Sin embargo, la demanda de aceite y otros derivados procesados mantiene niveles relevantes de importación, lo que evidencia espacio para instalar capacidad industrial en el país.
Departamentos como Córdoba han reportado rendimientos cercanos a 9 toneladas por hectárea, por encima del promedio histórico nacional, lo que demuestra potencial competitivo para abastecer proyectos de transformación. Una planta industrial puede requerir la articulación de unas 3.000 hectáreas productivas, fortaleciendo esquemas asociativos y encadenamientos rurales.
Impacto social y ambiental
La cadena del coco involucra miles de pequeños productores en zonas costeras y rurales. La instalación de capacidad industrial puede promover formalización, transferencia tecnológica y empleo rural calificado. Además, se trata de un cultivo perenne con múltiples aplicaciones industriales y potencial de aprovechamiento integral del fruto, favoreciendo modelos de economía circular.
“En un mercado internacional que privilegia productos saludables, naturales y sostenibles, Colombia tiene la oportunidad de evolucionar de proveedor de materia prima a exportador de ingredientes y productos finales con mayor contenido tecnológico. La agroindustria del coco puede convertirse en un eje concreto de la reindustrialización del agro colombiano”, concluyó Caballero.











