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Redacción. En el negocio internacional de alimentos, la fruta fresca ha dejado de ser únicamente un producto agrícola para convertirse en un sector que exige trazabilidad, sostenibilidad y capacidad logística. En ese nuevo escenario, Colombia apuesta por dar un salto estratégico: pasar de proveedor agrícola a plataforma agroindustrial con vocación exportadora.

“Hoy la conversación global sobre alimentos ya no es solo volumen, es confiabilidad, sostenibilidad y capacidad de respuesta. Colombia, el País de la Belleza, tiene las condiciones para insertarse en esa nueva lógica y atraer inversión hacia una agroindustria más sofisticada”, afirmó Carmen Caballero, presidenta de ProColombia.

El contexto internacional respalda la oportunidad. Según la FAO, la producción mundial de frutas frescas se acerca a 950 millones de toneladas anuales, impulsada por la demanda asociada a salud y bienestar. A la par, el comercio internacional se dinamiza en mercados de alto valor como Estados Unidos, la Unión Europea y China, donde las exigencias regulatorias y de calidad son cada vez más estrictas.

Colombia cuenta con ventajas estructurales: ubicación ecuatorial, diversidad de pisos térmicos y cosechas durante todo el año, lo que le permite atender ventanas comerciales en distintos mercados. Su canasta exportadora incluye banano, plátano, aguacate Hass, cítricos, mango, arándanos y pasifloras.

Caballero subrayó que el reto está en integrar toda la cadena de valor: “Colombia tiene la posibilidad de convertirse en un proveedor estratégico de frutas frescas para el mundo, no solo por su capacidad productiva, sino por su potencial para integrar toda la cadena de valor, desde el campo hasta el consumidor final”.

Se necesita mayor valor en la cadena

Las cifras respaldan el momento. En 2025, las exportaciones de frutas superaron los USD 2.100 millones, según Dane-Dian, con Estados Unidos y Europa como principales destinos. Además, empresas de España, Israel, Chile, Perú y Estados Unidos ya han invertido en el país, especialmente en aguacate Hass y frutas tropicales.

El potencial, sin embargo, va más allá de lo ya exportado. Con cerca de 42,9 millones de hectáreas identificadas como frontera agrícola, Colombia tiene espacio para nuevos proyectos que integren tecnología, eficiencia y cumplimiento de estándares internacionales.

El desafío es capturar más valor dentro de la cadena: avanzar en procesamiento, empaque, logística de frío y certificaciones. En mercados donde crece la demanda por frutas listas para consumir y productos con atributos funcionales, la competitividad dependerá de ofrecer diferenciación y confianza.

“Colombia no solo tiene fruta; tiene una plataforma para producirla, transformarla y llevarla al mundo con continuidad y estándares internacionales. El reto es convertir esa ventaja en inversión, empleo formal y exportaciones de mayor valor agregado”, agregó Caballero.

La apuesta es clara: dejar de competir solo en volumen y empezar a competir en valor, consolidando al país como un destino estratégico para la inversión agroindustrial en un mercado global que se sofistica cada vez más.


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