Campesinos cordobeses proponen su agenda para la construcción de la paz
Montería. En un emotivo acto, en el que estuvieron representantes de diferentes organizaciones campesinas de Córdoba, así como el comisionado Saúl Franco y Ángela Rodríguez, coordinadora de la Comisión de la Verdad en Córdoba, voceros del campesinado expusieron sus propuestas consignadas en la Agenda Común ‘Verdades y sueños inaplazables’ para la convivencia pacífica y la no repetición.
En la construcción del documento participaron la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc-Córdoba; la Asociación Campesina del Sur de Córdoba, Acsucor; la Asociación Campesina para el desarrollo del Alto Sinú, Asodecas; el Comité de Víctimas revictimizadas de Valencia; Mujeres campesinas del medio y alto Sinú; y campesinos desplazados de la Asociación Campesina Agraria y Popular, Acaposcor.
Una mirada a la historia

José David Ortega, miembro de Acsucor, en su intervención recordó el alto precio que, a lo largo de la historia de este convulsionado departamento, han pagado los campesinos, tanto individual como colectivamente.
“El conflicto armado exterminó organizaciones campesinas en Córdoba, fragmentó y puso en agonía terminal la existencia de la Anuc”, recordó Ortega. Pero ese capítulo de violencia motivó a la reinvención campesina y la asociatividad regional en distintos rincones del departamento.
Y reconoce que tienen la responsabilidad histórica de reclamar los derechos del campesinado, sobre todo, para cambiar la realidades de muchos adultos mayores que han sido víctimas del despojo, el desplazamiento y la estigmatización, y que constituyen la ‘memoria amordazada’ de esta población.

A su turno, Tatiana Ortega, integrante de Asodecas, fue enfática al mencionar los daños que han afectado a las organizaciones campesinas, entre ellos: El daño a las organizaciones o a la libertad de asociación, daño al proyecto político, daño al territorio y al paisaje, daños a las economías familiares y el daño psicosocial.
Estos han contribuido, según expuso la lideresa, a la exclusión, desempleo y marginalidad que campea en los territorios rurales y campesinos de Córdoba. Así como la suplantación del estado por parte de los actores armados ilegales que, aliados con narcotraficantes y miembros de la comunidad, fungen como autoridad, restringen la democracia y cobran ‘vacunas’.











