Luis Eduardo llegó a Cedro Cocido y se enamoró del campo
Montería. Enamorarse del campo no tiene edad, así lo demuestra Luis Eduardo Pérez Madrid, de 19 años y que desde hace dos pasa la mayor parte del tiempo en el campo, ayudándole a su abuela Nelly Madrid, en la parcela la Ponderosa, ubicada en Cedro Cocido, zona rural de la capital.
El terreno hace parte de los predios entregados por la Unidad de Restitución de Tierras a familias que habían sido despojadas por grupos armados.
Luis reconoce que desde que llegó a la parcela se dejó cautivar por el silencio, el canto de los pájaros, la brisa tranquila de los atardeceres y se fue relacionando con las labores propias del campo, como ordeñar, utilizar la guadañadora y fumigar para alejar las plagas de los cultivos.

Su día empieza a las 5:00 de la mañana, buscando los primeros rayos del sol se dispone a tomar el café, que doña Nelly ya tiene preparado y, entre cada sorbo planea y decide las tareas que le tocan.
Cuando terminó el bachillerato encontró actividades diferentes qué hacer en el corregimiento de Jaraquiel, como el trabajo en fincas, la albañilería y como su abuela se quedaba sola en su parcela decidió venir a ayudarla con los trabajos, fue el primer paso para enamorarse de ese ambiente.

“Uno tiene una vida tranquila, me gusta trabjar en el campo y echar para adelante”, dice con la fuerza característica de la juventud. Y también reconoce que le gusta mucho ordeñar.
Para él hay algunas cosas claves que facilitan el éxito del ordeño y asegura: “Hay que hablarle al animal, tratarla con cariño, que se sienta confiada”. Comienza a tener experiencia, esa que da el campo a quien le sirve con pasión.
En la parcela cuentan con 13 animales, de los cuales hay seis hembras tipo leche. Cada día sacan entre 13 y 14 litros de leche, de los cuales la gran mayoría son entregados al centro de acopio de la Asociación que tienen las familias restituidas de esa comunidad y que se comercializa.

Pero, también se dejan unos 2 litros que se sacan para el consumo de esta pequeña familia, para deleitar un buen café con leche, una rica mazamorra, jugos o el tradicional queso amasado, propio de esta región caribe.
De esa leche que obtienen también la utiliza su abuela para elaborar otro producto propio de la gastronomía cordobesa: La galleta de limón. Luis Eduardo asegura que es su producto preferido, y su abuela lo complace dos o tres veces a la semana que hace para el consumo y para la venta.
Este joven apasionado por todo lo que el campo da, tiene un sueño que alberga en su corazón: Ser carabinero de la Policía, por eso se presentará, como bachiller a prestar su servicio en esa institución, con miras a poder seguir su sueño y así no se desligaría del todo de relacionarse con los animales y con la gente del campo, como él.
Luis tiene otros dos hermanos, uno de 20 años y otro de 18, pero de todos ellos él es que se siente más atraído por las actividades en la parcela.
“De La ponderosa, hay tantas cosas que me gustan, como los frutos que tenemos: naranjas, pomelos, coco y limones. Las noches son tranquilas en el campo, uno no le teme a nada, es una parcela tranquila”, asegura.
Finalmente y desde su corta experiencia asegura que vivir en el campo es chévere y “trabajar en el campo es sabroso, hay que echar para adelante y poner a producir la tierra porque de ella uno va a comer”.











